(Novias 01) La Novia Rebelde by Hannah Howell

(Novias 01) La Novia Rebelde by Hannah Howell

Author:Hannah Howell
Language: es
Format: mobi
Tags: Narrativa Romantica
ISBN: 9788496711860
Publisher: www.papyrefb2.net
Published: 1987-12-31T23:00:00+00:00


Tumbado en la cama, Tavis abrazaba a Storm mientras ésta intentaba controlar sus sollozos, secos ya tras haber gastado todas sus lágrimas. No estaba acostumbrado a ofrecer consuelo, pero las emociones que aún intentaba ignorar le convertían en un experto sin saberlo. Se apiadaba sinceramente de ella en su dolor y comprendía su profunda tristeza, porque hacía muy poco que había estado a punto de perder a su padre. Sin decir nada, comunicaba su compasión sincera a la mujer afligida a la que abrazaba e intentaba consolar.

Se preguntaba qué sucedería ahora. No había peligro de que Storm fuera enviada de vuelta a Hagaleah, con rescate o sin él: estaba seguro de que su padre no haría tal cosa, sabiendo lo que sería de Storm si sir Hugh le ponía las manos encima. Sentía vergüenza porque una pequeña parte de su ser hubiera sentido alivio, incluso alegría, por el hecho de que Storm pudiera quedarse con él. El precio había sido demasiado alto.

Se concentró en detener sus sollozos. Poco a poco, sus esfuerzos traspasaron la pena de Storm. Ésta siguió esforzándose por atajar el llanto que se había apoderado de ella. Recordar la vida que crecía dentro de ella le sirvió de ayuda. Sabía que una emoción tan fuerte podía tener efectos nocivos sobre su bebé. Aferrándose a Tavis, quiso absorber su tierno consuelo y su fortaleza y lentamente fue recobrando la compostura.

Yacía inerme como una muñeca rota cuando él le limpió la cara y la obligó a beber whisky. Su cuerpo delgado se sacudía aún, presa de sigilosos temblores, a pesar de que ya no lloraba. No apartó los ojos de él mientras la atendía con ternura, y la desolación que Tavis vio en ellos le causó un profundo desasosiego. Temía que aquella pérdida fuera una carga demasiado pesada para ella. No era raro que una tragedia semejante quebrantara el espíritu o la mente.

Cuando hizo ademán de levantarse de la cama, ella le agarró de la muñeca con fuerza sorprendente y le impidió levantarse.

—Quédate conmigo, por favor —dijo con voz débil y ronca—. Me siento muy sola, y eso me asusta.

Tavis se tumbó de lado, rodeó su cintura y la apretó contra sí.

—No estás sola, pequeña. Tienes a Phelan, que te quiere y te necesita. Sí, y aunque seas una Eldon, tienes muchos amigos en Caraidland —se preguntó fugazmente a qué obedecía la expresión de dolor que asomó a su cara—. Nunca estarás sola.

Storm cerró los ojos para que él no viera lo mucho que le dolían y al mismo tiempo la ayudaban sus palabras. No tenía esperanzas de que le declarara su amor imperecedero, pero le dolía oírle hablar de amistad. La única cosa que podía aliviar la pérdida de tantos seres queridos era el amor de Tavis, y le estaba vedado. Haciendo un esfuerzo por recobrar su fortaleza y su pragmatismo de siempre, intentó contentarse con su ternura sincera y sus intentos de aliviar su dolor.

—Al menos aquel día pude despedirme de ellos con palabras de amor —musitó.

—¿Hablas



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